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sábado, 17 de diciembre de 2011

Noria

Con el Ipod en mi bolsillo, perdiéndome en la calidez de la música frente a un enorme frío de invierno. Con mi cabeza agachada y escondiéndome en mi larga melena ocultaba unas lágrimas que habían comenzado a salir hace una hora atrás. Con el silencio de la noche, me sumergí en los rincones más desconocidos que yo había visto jamás. Eran las once, el teléfono no había parado de sonar. Unas llamadas eran desde el móvil de mi padre, otras de mi madre y algunas de amigos; sin darle importancia a su preocupación seguí avanzando perdiéndome aún más de lo que ya estaba.
Y de repente lo vi. Un camino de arboles con las típicas luces de navidad, tenía la sensación que habían estado toda la vida allí para esperarme. Con una sonrisa en la cara me sumergí en la magia de aquellos árboles, pese a mi negativo gusto por la navidad, disfrutaba como nunca y entonces ahí la vi. Alta, imponente, muy superior a mí; ahí estaba una gran noria. Como una niña pequeña corrí hacia ella, tenía muchas ganas de montarme en ella. Me sorprendí al no ver a nadie por allí, ni al señor que siempre te da el ticket, simplemente al llegar la noria se paró y me dejó entrar. Sola... sin nadie en ningún otro asiento, en la imponente sólo estaba yo. Miraba con delicadeza las luces de la ciudad, maravillada por aquel juego de colores brillantes, pero, con extrañeza observé que no había ninguna persona, todo estaba vacío... Con la mirada fija me dí cuenta que estaban apareciendo en mi interior recuerdos desagradables que se reproducían una y otra vez lentamente y otros muy felices que pasaron veloces, sin poder deleitarme de ellos. Cada vez más y más lentamente los desagradables se convirtieron en los más amargos de mi vida. Temblaba, lloraba y gritaba en aquel sitio tan alto; el móvil sonó nuevamente pero no eran mis padres era ÉL. Con la mano temblorosa pulsé el botón de llamada y sin dejarle formular la típica pregunta de que dónde estaba, con un susurro le dije: "Perdóname por todo, adiós. Te amo...". Y en lo más alto de aquella noria, con el alma fuera del cuerpo, salté...

sábado, 19 de noviembre de 2011

Imaginemos

"Dame la mano, cerremos nuestros ojos y corramos lo más lejos que podamos. Imaginemos que somos felices, que ni tú eres tú ni yo soy yo. Imaginemos un lugar donde podamos reír hasta quedarnos mudos, un lugar donde dejemos atrás todo lo que nos angustia, un lugar lleno de sueños, un lugar donde nuestra felicidad lo inunde todo, un lugar donde reine la locura y sintamos la calidez de sentirse acompañado. Imaginemos por un momento que corremos hacia aquel tren donde tiene dos huecos reservados para nosotros, llevándonos al reino de la felicidad. Imaginemos que descubrimos lugares desconocidos a la vez que gracias a ellos descubramos otros. Imaginemos que podemos tocar las estrellas, atravesar el enorme cielo y apoyarnos suavemente sobre las nubes. Imaginemos que sabemos hacia dónde tenemos que ir, las respuestas a todas nuestras preguntas y el camino correcto que debemos seguir. Cerremos los ojos, imaginemos todo cuanto queramos sin límites, hagamos todo lo que nos propongamos. Hagámoslo sin soltarnos de la mano."