sábado, 12 de noviembre de 2011

Recostada, mirando al techo, con los cascos puestos. Termina una canción y empieza a sonar otra vez, una canción que me describe mucho, una canción que siempre me acompaña. De pronto, empiezo a gritar interiormente, los ojos se me empiezan a enrojecer. Quiero gritar pero no puedo así qué con fuerza me clavo un poco las uñas en la piel. No me duele para nada. Lo hago sólo una vez. Me levanto, me miro en el espejo y corro, me pongo lo primero que veo y me arreglo un poco. A ellos les pongo una excusa, a ellas otra.
Correr y huir es lo que quiero hacer. Sola, como siempre y como me gusta estar.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Me ahogaba...

“¿Estás bien que te pasa?” “Nada…necesito aire” “Dame el libro que te doy aire” “Iros de aquí que la estáis agobiando, desabrocharle la chaqueta”
Me ahogaba… Intentaba parecer que era menos de lo que tenía y con una simple sonrisa les convencí a todos de que estaba bien. Sentándome en la silla me llevé la mano a la frente e intenté mejorarme pero no fui capaz. Intenté que nadie me viese con los ojos enrojecidos y sin que nadie lo notase me llevé la mano al pecho.
Ya en la soledad de la noche pude hacer lo que tanto necesitaba…

martes, 8 de noviembre de 2011

Conversación bajo redes.

Sentados en la misma mesa de ordenador como me habías pedido en el recreo, mirábamos aquella pantalla donde no paraba de salir error en la conexión y nos estábamos divirtiendo mucho a costa de eso.
Me enseñaste tu mano, estaba bastante mal con un color rojizo impresionante. Te quedaste mirando mi cara de preocupación y te reíste por ello, me confesaste que lo hiciste por dolor porque estabas cabreado y la seguí acariciando.
Volvimos a reanudar lo que teníamos que hacer pero nada…imposible de conseguir red, así que empezamos a hablar. Te pregunté por ella, cómo iba vuestra relación y con firmeza me respondiste que te habías peleado con ella, que la insultaste con muchas barbaridades, que hiciste miles de cosas por ella y que nunca hizo nada por ti; que sólo la querías amar y ser amado por una de tus mejores amigas. También me confesaste que el día anterior la habías llamado diez veces y siempre te colgaba y con rabia empezaste a golpear la pared y a llorar por ese amor que te hacía tanto daño. Te mostrabas firme ante mí,  mirando al frente, sin mirarme, sólo haciéndolo un par de veces. Intentabas fingir que estabas bien pero yo sabía perfectamente que no lo estabas por eso me quedé escuchándote hasta que empecé a decirte lo que verdaderamente sentía y eso hizo que te animaras. “Realmente curioso” pensé, ya que jamás creí que tu y yo tendríamos esa conversación tan de… amigos. Y mientras me seguías contando te miraba con una triste expresión en el rostro y volví a acariciarte la mano, mientras me limitaba a escuchar tus penas.
Y finalizando la conversación te dije: “Pues ella se lo pierde, ya que no quedan chicos tan buenos como tú”. Te reíste y te limitaste a decir: “Y ojalá ella fuese como tú, muchas gracias”. Y así acabó una conversación de amigos bajo redes.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Y cerrando los ojos...


Y cerrando los ojos aprendí a ver cómo realmente soy, aprendí a reír con más ganas, aprendí a llorar con más fuerza, a gritar más alto que nadie, aprendí a recordar mi pasado, mirar mi presente y a imaginar mi futuro.

Y cerrando los ojos empecé a sentir cómo el mundo pasa y yo con él, cerrando los ojos empecé a escucharme más a mí misma, cerrando los ojos empecé a sentir las alegrías y penas de los que me importan, a que por muy ciega que esté y vaya poco a poco perdiendo el rumbo hacia ese mar de lágrimas y penas aprendí a visualizar a quienes verdaderamente están ahí, tirándose a ese mar y poco a poco sacándome de él. Cerrando los ojos lo vi a él sonriéndome con esa sonrisa tan especial que tiene que hace que todo mal que tenga se vaya y espero que nunca se marchite.

Y cerrando los ojos empecé a ver…

sábado, 5 de noviembre de 2011

Lágrimas


Y ahora ya comprendí el motivo por el cual me paso la mayoría de los días llorando en silencio, acostada en mi cama, con la oscura luz de la noche… Lágrimas que derramo porque siento que a cada sitio que voy con mis mejores amigos siento que sobro, lágrimas que caen sin parar por sentir que no soy nada en comparación con otras personas, que todos son mejores que yo. Lágrimas de angustia al saber que no puedo aliviar el dolor de nadie, lágrimas que caen porque siento que poco a poco me consumo cada día más y no sé qué hacer para sentirme mejor. Recordar todos y cada uno de mis complejos y las palabras de alguien que me lo recuerda cada puto día que pasa. No ser nunca lo que verdaderamente soy, no decir nunca como verdaderamente estoy para no hacer sufrir a nadie. Buscando la única compañía de la soledad, intentar alejar a todos de mí y yo por cobarde y por miedo me niego a pedir ayuda. Encerrarme en mí y en mi yo interior, creando un muro en el que nadie lo pueda romper. Sentir que tengo ganas de huir, de echar a correr, de no mirar lo que me rodea, de montarme en ese autobús,  apoyar la cabeza en el cristal y pensativa mirar a través de él. Querer andar por allí sintiendo nostalgia…


viernes, 4 de noviembre de 2011

Sin mentiras


“¿Hoy quedamos?” “No lo sé…” “¿Por qué?” “No sé si me dejarán salir…” “¡Ah! Si quieres te recojo y así te dejan” “Luego hablamos…” “Vale”. Cada viernes, a todas horas, la misma conversación una y otra vez, inventándome excusas que ya no sirven de nada… Pero ya me cansé, hoy les grité a la cara que no salía porque no tenía ganas de salir, que no iba quedar con nadie, que prefería estar en casa. Sentí… ¿liberación? Sí… una gran liberación de poder decirles la verdad que ya sabían a la cara, poder ser yo misma de una vez sin mentir. Decirles que ya no tenía nada de ganas de ir a ningún sitio aunque el motivo… me lo sigo callando, escondiendo una vez más lo que siento.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

"Nunca digas nunca"


Hace dos años…

+¡Qué asco!

-Pero si relaja…

+Yo nunca lo haré ¡NUNCA!

Acostada en la cama, estudiando algo que para mí me parecía aburridísimo. Pensé en todo lo que había pasado desde el viernes hasta hoy y me sumergí en una profunda tristeza, quería salir de aquella habitación me sentía ahogada, sentía que el techo se me venía encima y rápidamente crucé la puerta para ir al salón.

Allí estaban ellos dos, sentados, viendo lo de siempre. Me senté yo también y me fijé en un pequeño artilugio, lo cogí y empecé a jugar con él. Luego, dejándolo donde estaba, cogí la pequeña cajita e hice lo mismo. De pronto, me entró curiosidad y sin que se dieran cuenta cogí uno…

Esperé hasta que se fueron todos y me quedase completamente sola, busqué el pequeño artilugio con el que había estado jugando hace poco rato. Me senté me lo llevé a los labios y lo encendí…

Al principio, tosía pero poco a poco me iba gustando, jugaba con el humo, veía la ceniza caer. Después al apagarlo recordé una situación de hace dos años en el que discutía con mi madre sobre que no debía fumar que era malo y que nunca lo haría… Me reí, “Nunca digas nunca” ¡Y QUÉ RAZÓN TENÍA!