Y ahora ya comprendí el motivo por el cual me paso la
mayoría de los días llorando en silencio, acostada en mi cama, con la oscura
luz de la noche… Lágrimas que derramo porque siento que a cada sitio que voy
con mis mejores amigos siento que sobro, lágrimas que caen sin parar por sentir
que no soy nada en comparación con otras personas, que todos son mejores que yo.
Lágrimas de angustia al saber que no puedo aliviar el dolor de nadie, lágrimas
que caen porque siento que poco a poco me consumo cada día más y no sé qué
hacer para sentirme mejor. Recordar todos y cada uno de mis complejos y las
palabras de alguien que me lo recuerda cada puto día que pasa. No ser nunca lo
que verdaderamente soy, no decir nunca como verdaderamente estoy para no hacer
sufrir a nadie. Buscando la única compañía de la soledad, intentar alejar a
todos de mí y yo por cobarde y por miedo me niego a pedir ayuda. Encerrarme en
mí y en mi yo interior, creando un muro en el que nadie lo pueda romper. Sentir
que tengo ganas de huir, de echar a correr, de no mirar lo que me rodea, de
montarme en ese autobús, apoyar la
cabeza en el cristal y pensativa mirar a través de él. Querer andar por allí
sintiendo nostalgia…
sábado, 5 de noviembre de 2011
viernes, 4 de noviembre de 2011
Sin mentiras
“¿Hoy quedamos?” “No lo sé…” “¿Por qué?” “No sé si me
dejarán salir…” “¡Ah! Si quieres te recojo y así te dejan” “Luego hablamos…” “Vale”.
Cada viernes, a todas horas, la misma conversación una y otra vez, inventándome
excusas que ya no sirven de nada… Pero ya me cansé, hoy les grité a la cara que
no salía porque no tenía ganas de salir, que no iba quedar con nadie, que
prefería estar en casa. Sentí… ¿liberación? Sí… una gran liberación de poder
decirles la verdad que ya sabían a la cara, poder ser yo misma de una vez sin
mentir. Decirles que ya no tenía nada de ganas de ir a ningún sitio aunque el
motivo… me lo sigo callando, escondiendo una vez más lo que siento.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
"Nunca digas nunca"
Hace dos años…
+¡Qué asco!
-Pero si relaja…
+Yo nunca lo haré ¡NUNCA!
Acostada en la cama, estudiando algo que para mí me parecía
aburridísimo. Pensé en todo lo que había pasado desde el viernes hasta hoy y me
sumergí en una profunda tristeza, quería salir de aquella habitación me sentía
ahogada, sentía que el techo se me venía encima y rápidamente crucé la puerta
para ir al salón.
Allí estaban ellos dos, sentados, viendo lo de siempre. Me
senté yo también y me fijé en un pequeño artilugio, lo cogí y empecé a jugar
con él. Luego, dejándolo donde estaba, cogí la pequeña cajita e hice lo mismo.
De pronto, me entró curiosidad y sin que se dieran cuenta cogí uno…
Esperé hasta que se fueron todos y me quedase completamente
sola, busqué el pequeño artilugio con el que había estado jugando hace poco
rato. Me senté me lo llevé a los labios y lo encendí…
Al principio, tosía pero poco a poco me iba gustando, jugaba
con el humo, veía la ceniza caer. Después al apagarlo recordé una situación de
hace dos años en el que discutía con mi madre sobre que no debía fumar que era
malo y que nunca lo haría… Me reí, “Nunca digas nunca” ¡Y QUÉ RAZÓN TENÍA!
domingo, 30 de octubre de 2011
Reflejo
Intento buscarme a mí misma y no obtengo resultado. Intento
comprender mejor qué me ocurre para intentar solucionar mis altibajos pero nada…
No obtengo resultados de ninguna manera.
Lentamente, me fijo en aquel objeto cuadrado y cristalino.
No me veo a mí sola, veo a dos personas igual que yo en aspecto pero con
distintas miradas. ¿Qué hacen? Están discutiendo, están librando una batalla interior
muy profunda. Una llena de fuerza y determinación intenta vencer a mi yo débil
e insegura, aunque sus diferencias de fuerza no son las mismas, la más débil se
intenta defender de la fuerte, rugiendo como leonas, una batalla que parece no
acabar nunca ¿y quién es la perjudicada? YO… la espectadora de aquella batalla
de dos partes iguales en aspecto pero muy opuestas en carácter.
Harta… de aquella batalla sin sentido, me llevo las manos a
la cabeza para intentar no escucharlas gritando pero es inútil, las escucho
dentro de mí, no aguanto más la presión, alzo el puño y con un fuerte golpe
rompo el espejo con la finalidad de acabar con aquella guerra. Aún así…es inútil
ya que no puedo librarme de mí reflejo interno que siguen batallando dentro de
lo más profundo de mí ser…
Cuando me vaya...
Mirando la pantalla del ordenador con la mirada perdida,
hablando con ella, su mejor amiga. Sentía mucha opresión en el pecho y
necesitaba contárselo. Al principio, dudó un momento en si hacerlo o no pero ya
no aguantaba más y lo soltó…
+Tía ¿sabes en qué pienso todos los días en el colegio o en
casa?
-No, ¿el qué? Dímelo.
+En clase estábamos haciendo lo de siempre y estábamos ella
y yo en silencio haciendo lo que nos habían pedido y… me puse a pensar en todo,
en el día en que llegué, en que te fui conociendo más y más y te convertiste en
mi mejor amiga. También pensé en que este curso no es como antes, en que echo
mucho de menos estar las tres juntas, echo de menos eso…
-Yo también y mucho…
+También me pongo a pensar en el miedo que tengo… tengo
miedo de pensar que no seré lo suficientemente buena para pasar y graduarme.
-Tonta eres, siempre lo has hecho todo bien y este curso
también, así que no te preocupes.
+Sí, ya… pero… ¿qué haré cuando todo termine? Cariño, estoy
preocupada porque ahora que sabía lo que quería se me presenta un nuevo camino,
uno en el que creo que me iría bien pero no sé… no sé lo que quiero. Sé que es
verdad que es muy pronto que piense en esto ahora, pero sabes cómo soy, pienso
siempre en el futuro y eso verdaderamente me aterra… Más de lo que crees…
-Ya… pero tía aún tienes tiempo…
+Lo sé…
Mientras tenían esa conversación, unas pequeñas gotas de dolor
salieron de sus ojos. Quería decirle mucho más, tantas cosas…
Por la noche, cuando se tumbó en la cama cogió su móvil y
empezó a escuchar música para ayudarla a conciliar el sueño. De pronto, una
canción sonó y se puso a pensar nuevamente en ello. Pensó en el día en que se
gradúe, en esa palabra que tanto miedo le daba…”bachillerato”, pensó en lo sola
que se sentiría sin ellas, una seguiría en el colegio y otra empezaría a hacer
lo que tanto le gustaba y se le daba muy bien. Sé que cuando llegue a ese sitio
lleno de arte estará de lo mejor y la otra no estaría sola en el colegio que también estará bien pero… ¿qué haré yo sin ellas? ¿Cómo será mí
día a día en un sitio que apenas conozco? ¿Me sentiré sola…? Como decía esa
canción; “Que
cuando me vaya, no caiga una lágrima por mí, que sólo quede
la amistad... tantos sueños
que recordar...”, sonando aún más fuerte en mi interior…
sábado, 29 de octubre de 2011
Sola
“¡Lista!” pensé. Ya estaba lista para irme, como siempre le
di un beso a mis padres despidiéndome de ellos, aunque no tenía demasiadas
ganas de salir ya hacía mucho tiempo que no lo hacía y tuve que ir con las mejores
de mis sonrisas y locuras preparadas.
Caminando sola por la calle, escuchando
música a todo volumen, llegué lo más rápido que pude a donde me estaban
esperando. Llegué la última, los saludé a todos con un beso y un abrazo, luego
tuvimos que recoger a un amigo de él y nos presentó.
Al principio, me sentía de lo mejor haciendo de las mías
ellos se reían y me empecé a reír forzadamente pero después de diez o quince
minutos en los que había empezado a hacer tonterías… “Anda, cállate ya y deja
de hacer la payasa” “¡Joder tía qué vergüenza!” “Si lo llego a saber no vengo”
palabras como esas se repetían constantemente, pensé que era hora de parar que
ya les molestaba así que dejé de hacerlo pero algo me dolió. Constantemente
diciéndome en el instituto qué me pasaba que estaba muy seria y ahora que
estaba “bien” me decían que parase...
Caminando en silencio, sin decir nada, me di cuenta que dos
se habían puesto a hablar delante de mí y dos hablaban detrás de mí, y yo
estaba… ¿sola? Sí, jamás me había sentido tan sola como hoy. Sé que muchas
veces prefiero estar así sin que nadie me “tocase las narices” por así decirlo
pero hoy quería que alguien me diese un fuerte abrazo, que alguien me apretase
la mano haciéndome sentir que no estaba sola, que me hubiese dicho que la mala
racha que llevaba sería pasajera y que dentro de poco estaría bien pero no…
nadie estaba allí para decírmelo y aún así lo comprendo ya que no suelo hablar
de mis penas, ni siquiera con mis mejores amigos.
Al finalizar la tarde, uno se tuvo que ir en autobús y lo
acompañamos hasta la parada, y los otros tres como vivían cerca se fueron y yo
seguí hacia delante con los auriculares puestos y nadie se dio cuenta de las
pequeñas lágrimas que se estaban formando en mis ojos aunque me esforcé en
guardarlas. De pronto sentí unas ganas enormes de que viniese alguien con una
gran sonrisa, me abrazase y quedarnos un rato largo así, verdaderamente quería
eso pero de nuevo yo estaba…sola.
Abatida llegué a mi casa con una sonrisa que me pesaba ya
demasiado, no aguantaba más, quería gritar todo lo que tenía y nunca lo hacía
porque no quería que nadie viese lo afligida que estaba, no tenía ganas de
nada, ni de comer, ni de reír… Me encerré en el cuarto y me fijé en el peluche
que estaba encima de la estantería y me alegré de tenerlo, él siempre estaba
allí para abrazarlo y apretarlo contra mi pecho cuando estaba mal y perfectamente
sabía que esta noche me quedaré dormida junto a él.
viernes, 28 de octubre de 2011
Princesa
Princesa que vives en ese reino de amargura y soledad,
princesa que te ahogas cada noche en tu lamento
queriendo saber tantas respuestas de tantas preguntas.
Princesa que gritas hacia dentro,
como un veneno que se extiende poco a poco en tu ser,
necesitando que venga alguien y te dé un fuerte abrazo
como si del fin del mundo se tratase.
Princesa que pintas con un pincel llamado tristeza,
de negro turmalina,
tu mejor lienzo que es tu vida.
Princesa que te acuestas con lágrimas abundando tus ojos
y por la mañana despiertas con esa sensación de cansancio,
apretando con fuerza tu pecho,
pensando en el motivo de tu desgane.
Princesa que cada vez más vas sintiendo
poco a poco ese frío intenso
que te hace temblar.
Princesa que miras por la ventana de tu castillo,
con la luna observando tu semblante pálido,
imaginando un mundo que no es éste,
uno en el que toda pregunta tiene su respuesta,
uno en el que toda miseria que sientas se invierta,
uno en que no sientas que eres menos que todos,
uno en que puedas ayudar a curar a otros,
uno en que puedas ir a donde sea sin decir nada,
uno donde no puedas esconderte y ser quien eres,
uno en que no tengas que fingir que todo va bien,
que de tanta felicidad y risa no tengas tiempo de llorar.
Princesa que te muestras fuerte, acorazada ante todo
protegiendo tu debilidad
y aún así no consigues lograrlo.
Princesa que habías creído encontrar al príncipe
pero lo único que vistes eran ranas disfrazadas.
Princesa… la vida no es como lo cuentan los cuentos,
ni los más bellos poemas o versos,
la vida es… todo lo que te rodea, todo aquello que
experimentas, todo aquello que ves, todo aquello que dices, todo aquello que
callas, todo… pensando que es un nada infinito.
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