miércoles, 28 de marzo de 2012

Mar

¿Y qué se supone que hacía ella allí? ¿En qué o en quién estaría pensando? No lo sabía. Me producía una sensación tan incómoda esa situación. Le estaba privando de su libertad pero, no sabía porqué, me resultaba curioso observar a aquella muchacha que parecía tener unos diecisiete años o algunos más. Me resultaba curioso que los quince minutos que llevaba allí, no se había movido en ningún momento. ¿Tan profundos serían sus pensamientos como para quedarse mirando el mar sin hacer nada? Me senté yo también, quería acompañarla sin que se diera cuenta: me producía una gran curiosidad. Pero... ¿Qué estaba haciendo? Era tan impropio de mí el hecho de quedarme mirando. Me levanté para marcharme y dejarla sola pero, ella se me adelantó saltó de aquella pequeña roca y se encaminó hacia el mar. Cogió una botella de cristal que estaba en el suelo, la besó e hizo un ágil movimiento de muñeca y la arrojó al mar. Mirando al horizonte, vi, que se arrodilló y agachó la cabeza entre sus rodillas. Supe en aquél momento que era la hora de irse, de dejarla sola, de que disfrutase de ese momento de privacidad. Y una vez más me volteé para observarla y pude notar que era una muchacha más joven de lo que había pensado y que seguramente escondía, en su interior, algo muy pesado.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Me, Myself and I...


Puedo escribir ese garabato en un papel, puedo pronunciarlo sin equivocarme, puedo gritarlo en mitad de una tormenta, puedo dibujarlo en la orilla de una playa mientras escribo una parte de mí misma en un papel, meterlo en una botella y arrojarlo al mar; puedo mantenerlo varias horas en mi consciencia, puedo ver el pasado y el presente de ese nombre, puedo saber cosas de ella sin tener que persuadirla demasiado, puedo derramar lágrimas al escucharlo ya que es lo que más odio. Puedo sentarme tranquilamente en un sitio y escribirlo con la punta de una tiza hasta cansarme de hacerlo, puedo sentir curiosidad al no sentir nada por ella, puedo saborear el dulce y atractivo placer de saber todo o nada de ella. Puedo saber todo eso porque, ese nombre, es el mío.

He llegado a pensar más de una vez que no necesito un nombre. He llegado a pensar en meterlo en una botella y que se lo lleve el mar. He pensado en tacharlo de mi cabeza pero, me es imposible. He pensado en escribírmelo en el brazo y tacharlo a cuchilladas. He pensado en escribirlo en mis dedos y ensuciarlos con mis arcadas. He pensado en clavármelo los ojos para llorarlo…

Un día, sin motivo, llegué a la conclusión de que no necesitaba un nombre para saber la persona que soy y ahora lo sé. Abandoné para siempre mi nombre para convertirme en: “Locura”. Una locura que no necesita un nombre para saber quién es, una locura que va corriendo en busca de la libertad, una locura a la que no le importa ir despacio de vez en cuando, una locura distinta; como nunca la hubo. Una locura que por mucho que se odie, se asquee, no va a renunciar a ser lo que es.

lunes, 5 de marzo de 2012

Recuerdos

Y hoy es uno de esos extraños días en los que mis ojos dejan de observar lo que le rodea y, empieza a viajar en el mundo de los recuerdos y las reflexiones. El piano suena, mi mente viaja; siento, pero, a la vez no lo hago. Y mi pregunta es; ¿qué sería de nosotros si nos desprendiésemos de nuestros recuerdos?. La respuesta es clara; "Si nuestra mente se desprendiese de nuestros recuerdos fragmentados como las plumas de un pájaro, gozaríamos de la libertad de nuestros actos pasados y presentes pero, no gozaríamos de la alegría, tristeza o experiencia de ellos". No tener esas plumas, sería como cuando nacemos, cuando nos recuerdan lo que hacíamos de recién nacidos; prácticamente, no sentimos nada respecto a eso, ni añoranza, ni alegría, ni tristeza, nada.

"Y mientras caminaba la vi. Estaba oliendo algo que no pude reconocer, me acerqué con sigilo y, llegué en el momento en el que sus ojos se empapaban en lágrimas. ¿Por qué lloraba?. ¿No debería sentir libertad y felicidad por el hecho de haberse desprendido de aquellas cadenas que la torturaban?. Me aventuré a mirarla de nuevo se iba, pero de un modo extraño. Iba tocando cada cosa que veía como si con eso llegaría a recordar algo.

Y al caer la noche, sin dejar de perseguirla, se sentó en un banco. De pronto, cogió una cajita que me provocó mucha curiosidad y, sin dejar de mirarla, sacó unas fotos. Pasando una a una, mirándolas delicadamente, intentando disfrutar de esos pequeños fragmentos de sus recuerdos, intentando de que volviesen a florecer. Nada, no conseguía nada por mucho de que lo intentase. Tiró las fotos al suelo y se fue corriendo. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿No debería ser feliz? Miré las fotos. Ella estaba abrazada a un muchacho joven, en otra estaba ella con una niña pequeña, otros de vacaciones familiares... Recuerdos preciosos. En ese momento lo entendí. Feliz, es aquél que goza de recuerdos; libre, es aquel que no puede recordar ni su nombre"

Ahora que soy joven, espero de tener esas plumas y no me gustaría desprenderme de ellas...